Las promesas incumplidas de Luis Abinader

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Luis Abinader llegó al poder en 2020 bajo una promesa general de cambio, pero también acompañado de compromisos muy específicos. No eran simples aspiraciones de gobernar mejor. En muchos casos había cifras, porcentajes, cantidades y plazos.

Seis años después, el tiempo permite hacer algo mucho más sencillo que discutir intenciones: revisar lo prometido y compararlo con lo realizado.

Estas son algunas de las promesas incumplidas más importantes de su gestión:

1. Reducir la delincuencia en más de un 50 % en los primeros dos años.
Fue uno de los compromisos más llamativos asociados al denominado Plan Giuliani. Abinader sostuvo que la delincuencia podía disminuir en más de un 50 % durante sus primeros dos años de gobierno. El plazo terminó en agosto de 2022 y la reducción prometida no se produjo. El Gobierno adoptó posteriormente otras políticas de seguridad y ha conseguido mejoras en determinados indicadores, pero eso no modifica el compromiso original: 50 % en dos años.

2. Aplicar la Ley de Migración hasta que no hubiera “ni un solo indocumentado”.
Desde la oposición, Abinader defendió que el problema migratorio podía enfrentarse haciendo cumplir estrictamente la legislación existente. Llegó a afirmar que no habría “ni un solo indocumentado”. Seis años después, el Gobierno continúa realizando operativos masivos, aumentando las deportaciones, reforzando militarmente la frontera y anunciando nuevas medidas para contener la inmigración irregular. La crisis haitiana se ha agravado enormemente, pero la promesa, en los términos absolutos en que fue formulada, evidentemente no se cumplió.

3. Reformar la Ley de Hidrocarburos “en los próximos días”.
Esta promesa tiene todavía menos espacio para interpretaciones. El 27 de febrero de 2021, ya como presidente, Abinader anunció ante la Asamblea Nacional que enviaría al Congreso “en los próximos días” una reforma de la Ley 112-00 de Hidrocarburos para revisar la estructura de costos y el mecanismo de fijación de los precios de los combustibles. Han transcurrido más de cinco años y la reforma integral anunciada sigue pendiente.

4. Construir 62,000 viviendas mediante Familia Feliz en cuatro años.
Cuando presentó el programa, el Gobierno proyectó 11,000 viviendas durante el primer año y aproximadamente 17,000 en cada uno de los tres siguientes. La suma daba unas 62,000 viviendas al terminar el primer período presidencial. Familia Feliz produjo viviendas y benefició a miles de familias, pero quedó considerablemente por debajo de la cantidad originalmente prometida.

5. Convocar un Pacto Fiscal.
No fue una ocurrencia de la oposición ni una interpretación posterior. Estaba contemplado en el programa de gobierno 2020-2024. La administración se comprometió a convocarlo “tan pronto como sea posible”. Pasaron los cuatro años y el pacto nunca llegó. En 2024, ya durante el segundo mandato, el Gobierno presentó una propuesta de Modernización Fiscal que tuvo que retirar ante el rechazo provocado.

Podrían agregarse otros compromisos y anuncios que no alcanzaron sus metas originales. Pero estos cinco tienen una característica importante: pueden ser contrastados con declaraciones, documentos o metas concretas del propio Abinader y su Gobierno.

Y ese detalle importa.

La crítica política pierde fuerza cuando se construye sobre exageraciones. No hace falta atribuirle al presidente aquello que nunca dijo ni declarar incumplida una obra que finalmente fue terminada. Las promesas verificables que quedaron pendientes son suficientemente importantes por sí mismas.

También sería injusto ignorar las circunstancias que enfrentó esta administración. Abinader asumió el poder durante una pandemia, enfrentó una inflación internacional extraordinaria, guerras que afectaron los precios de alimentos y combustibles y un deterioro dramático de la situación haitiana.

Pero las circunstancias pueden explicar un incumplimiento. No pueden borrar una promesa.

Ese es precisamente el problema de gobernar después de haber ofrecido soluciones demasiado sencillas desde la oposición.

Desde fuera del poder parecía posible reducir la delincuencia a la mitad en dos años. Bastaba aplicar la ley para acabar con la inmigración irregular. La Ley de Hidrocarburos podía reformarse en cuestión de días. Era posible construir 62,000 viviendas en cuatro años. El Pacto Fiscal llegaría tan pronto como fuera posible.

El ejercicio del poder terminó demostrando que la realidad era bastante más compleja.

Eso no significa que el Gobierno de Abinader deba juzgarse únicamente por lo que no cumplió. Ninguna administración seria podría evaluarse de esa manera. Pero tampoco resulta razonable evaluar seis años de gobierno exclusivamente a partir de lo que hoy se anuncia, olvidando aquello que se anunció ayer.

Luis Abinader cumple este 16 de agosto seis años ejerciendo la Presidencia de la República. Ya no es el candidato que explicaba cómo resolvería los grandes problemas nacionales si los dominicanos le daban una oportunidad.

La oportunidad llegó.

También llegó el tiempo suficiente para comparar.

Y después de seis años, la pregunta ya no es solamente qué piensa hacer Luis Abinader con los dos años que le quedan.

También es qué pasó con aquello que prometió hacer con los seis que ya tuvo.

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