Respuesta a Bukele de autoridades, ciudadanos y creyentes dominicanos

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Para los comentaristas y analistas del patio, lo natural y propio es mirar con expectación y admiración la acción del presidente Bukele, al enviar un contingente armado a Haití a rescatar a técnicos que cooperaban en una misión en el vecino país, lo cual ha creado una fuerte expectación en muchos sectores de nuestra población, particularmente en grupos de interés, criollos y extranjeros, como los que tienen comercio, industrias y muchas otras formas de negocios entre las dos naciones de la isla.

Hay quienes crean que los dominicanos debemos ver la acción de Bukele y los salvadoreños como una hazaña interesante, digna de ser seguida con gran atención mediante los reportes que compiten por informar, inventar, exagerar, falsificar y reeditar información y desinformación que puedan ganarles “likes”, esto es, “aprobación remunerable”.

Como es natural, este tipo de emprendimiento tiene muchos riesgos, especialmente y de manera directa para los militares que enfrentan a esas gangas en un territorio desconocido, habitado por gente ignorante y llena de miedo y de supersticiones, que saben que de apoyar a los salvadores corren un riesgo enorme de ser asesinados por los pandilleros locales.

Pero hay quienes hablan de un riesgo mayor, y es que los grupos de poder locales, de Haití y RD no necesariamente están de acuerdo con la intervención de dicho territorio ni con la destrucción de fuerzas y agrupaciones gansteriles que puedan afectar los lucrativos negocios que actualmente se desarrollan entre las dos naciones, según versiones, con el apoyo y el cuidado de esas agrupaciones guerrilleras.

Hay, inclusive, sectores, aun dentro de las propias Fuerzas Armadas de los dos países que preferirían que nadie le toque a un tipo de “ordenamiento” territorial y de control político económico del cual muchos obtienen diarios y jugosos ingresos; como, por ejemplo, el expatriar y reingresar haitianos indocumentados a través de las fronteras dominicanas.

Y también organismos internacionales, en pleno descrédito, como la ONU, precisamente por haber sido infiltrado durante décadas por intelectuales haitianos y miembros del wokismo y otros grupos y minorías, quienes han culminado con el derrumbamiento de esa otrora importantísima y venerada y salvadora institución de orden mundial.

Pero las interrogantes y preguntas también se dirigen a los patriotas dominicanos, los cuales ya debieron de llamar la congregarse, aunque tan solo fuese para analizar la situación, particularmente los creyentes de Jesucristo en nuestros países y en toda la región y aún más allá, respecto a que el presidente de El Salvador ha dicho, en forma pública y solemne, que se trata de una misión de carácter espiritual, en nombre de Jesucristo, el mismísimo que dicen venerar y honrar las grandes mayorías de los dominicanos de todas las edades y regiones.

El obispo de San Juan, entre otros muchos hombres de fe, ha indicado los peligros de la penetración haitiana indiscriminada en lugares diversos de nuestro país.

En este contexto, cabría esperar una respuesta responsable de prelados, pastores y creyentes, así como una orientación pública que ayude a sus comunidades a comprender y valorar estas actuaciones.

Fuente: Hoy

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