España devora a su fantasma y vuelve a una final mundialista tras 16 años

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Nueva Jersey — El reloj de la historia vuelve a marcar las 2010 para el fútbol español. En una noche cargada de simbolismo y electricidad sobre el césped, España derrotó por 2-0 a Francia este martes para asegurar su boleto a la gran final de la Copa del Mundo, rompiendo una sequía de dieciséis años sin pisar el partido definitivo por el máximo entorchado global.

La victoria no solo sella el pase al MetLife Stadium de East Rutherford, Nueva Jersey, donde La Roja se medirá el próximo domingo al ganador del duelo entre Argentina e Inglaterra; también consagra una paternidad reciente sobre los galos en instancias decisivas, marcando el tercer verano consecutivo en que el combinado español deja en la estacada a la poderosa selección francesa en unas semifinales de torneo.

El show de la nueva generación

Si alguien encarna el espíritu indomable de este ciclo glorioso, ese es Lamine Yamal. Apenas un día después de celebrar sus 19 años, el prodigio de Rocafonda volvió a dictar cátedra en el escenario más imponente del planeta. Tras haber avisado en la previa que Francia debía temerles tras eliminar a Bélgica en cuartos, el extremo demostró que sus palabras eran una premonición ineludible.

El encuentro se rompió en el minuto 22. En una jugada donde la picardía se combinó con la presión asfixiante, Yamal apareció como un fantasma para disputar un balón en el área ante un veterano Lucas Digne. El desborde del joven genio provocó la falta del lateral francés —en una jugada donde el balón rozó el codo del español antes de la infracción—, decretando un penalti que Mikel Oyarzabal transformó con categoría.

El tanto del delantero supuso su quinta diana en lo que va de Mundial y el gol número treinta en su cuenta particular con la absoluta en 60 partidos, rompiendo además la imparable racha defensiva de una Francia que no se había visto por debajo en el marcador en ninguno de sus siete encuentros previos del torneo.

El golpe definitivo y el muro defensivo

Lejos de especular con la mínima ventaja, el equipo dirigido con inteligencia táctica buscó sentenciar en el complemento. El golpe de gracia llegó al minuto 58, cuando una magistral pared tejida entre Pedro Porro y Dani Olmo desmembró la retaguardia gala. El propio Porro se encargó de definir con frialdad para estampar el 2-0 que silenció el sector francés de la grada.

Poco después, al propio Yamal le sería anulado un tanto por una posición antirreglamentaria milimétrica, un susto menor que no empañó el dominio absoluto de los españoles.

Kylian Mbappé y los galos —la selección número uno del ranking FIFA que aspiraba a meterse en su tercera final mundialista consecutiva— se vieron maniatados por el orden táctico de un conjunto español que supo sufrir y competir. Los galos tendrán que conformarse con disputar el partido por el tercer puesto este sábado en Miami Gardens.

Para España, en cambio, el destino aguarda al otro lado del río Hudson. Dieciséis años después de la gloria eterna en Johannesburgo, La Roja está a noventa minutos de volver a tocar el cielo del fútbol mundial.

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