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RESUMEN
Con la llegada del otoño y la puesta en marcha del horario de invierno, la reducción progresiva de las horas de sol no solo modifica las rutinas diarias y los ritmos circadianos, sino que también tiene un efecto directo, muchas veces imperceptible, sobre la salud ocular.
La escasez de luz solar repercute en el ojo en el plano óptico y neurológico, ya que empeora de manera directa la sensibilidad al contraste, la nitidez de las imágenes y la capacidad de enfoque real en condiciones de penumbra.
Ante esta situación, oftalmólogos del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Dexeus en Barcelona, España, advierten que el cambio de hora y la reducción de luz natural deterioran la calidad visual y, además, elevan el riesgo de desarrollo y progresión de la miopía infantil.
Los especialistas también recomiendan al menos una hora diaria de actividades al aire libre, especialmente en el caso de los niños, como una forma de mitigar este problema.
El sol como protección frente a la miopía infantil
La exposición directa a la luz del sol se ha consolidado en los últimos años como un factor protector determinante e irremplazable frente a la progresión de la miopía.
La evidencia científica internacional subraya que «el hábito saludable de realizar actividades en espacios abiertos contrarresta la aparición de este defecto refractivo durante las etapas críticas del crecimiento».
La eficacia de esta medida quedó demostrada en un ensayo clínico publicado en la revista científica JAMA (Journal of the American Medical Association).
Ese estudio, desarrollado por el Centro Oftalmológico Zhongshan de la Universidad Sun Yat-sen con una muestra de 1,903 niños en 12 escuelas de Guangzhou, evaluó el efecto de añadir apenas 40 minutos adicionales de actividad al aire libre al final de la jornada escolar.
Después de un seguimiento de tres años, los resultados mostraron una disminución notable de la tasa de incidencia de miopía, que pasó del 39,5% al 30,4% en el grupo intervenido, lo que supuso una reducción del riesgo relativo de casi el 23% y un aumento significativamente menor en la graduación de los menores.
Por esa razón, el doctor Carles Barnés, director de OftalDex del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Dexeus, recomienda que los niños realicen al menos una hora diaria de actividades al aire libre, con prioridad para los juegos fuera de casa y limitando al máximo las tareas prolongadas en interiores frente a pantallas de ordenadores, videojuegos o cualquier otro dispositivo electrónico.
¿Por qué empeora la visión en la oscuridad?
La falta de iluminación suficiente en el entorno intensifica los problemas de visión a través de varios fenómenos oculares concretos que alteran por completo la percepción del entorno.
En primer lugar, cuando escasea la luz, el ojo responde de manera automática con una dilatación pupilar o midriasis para captar la mayor cantidad posible de estímulos luminosos.
Al aumentar el tamaño de la pupila, la luz entra por los bordes periféricos de la córnea y del cristalino, lo que acentúa las imperfecciones moleculares y estructurales naturales del ojo; esto incrementa de forma importante la dispersión luminosa, reduce de manera drástica la profundidad de campo y agrava la sensación de visión borrosa a larga distancia.
A ello se añade la conocida miopía nocturna, una respuesta de sobreenfoque involuntario en la que el sistema visual ajusta el foco a distancias cortas por la falta de referencias lejanas nítidas, lo que empeora drásticamente la agudeza visual de quienes ya padecen miopía.
- También se produce una marcada pérdida de sensibilidad al contraste, porque el sistema visual pasa del uso de los conos —las células de la retina encargadas del color y de los detalles de alta resolución— al uso exclusivo de los bastones, que son muy sensibles a la baja luminosidad pero ofrecen una resolución espacial y un detalle mucho menores, lo que dificulta distinguir con claridad figuras oscuras sobre fondos nocturnos.
Señales de alerta
Esta fuerte reducción de la luz en el ambiente, unida a los defectos refractivos mal corregidos, provoca una serie de síntomas frecuentes y molestos que afectan la calidad de vida.
Entre las señales más habituales figuran el deslumbramiento intenso ante fuentes de luz artificial, la percepción alterada de halos o destellos geométricos alrededor de los faros de los coches y las farolas de la calle, una intensa fatiga visual al conducir de noche y una adaptación cada vez más lenta y costosa a los cambios bruscos de iluminación ambiental.
Ante este escenario de riesgo, los profesionales de la visión aconsejan acudir de inmediato a la consulta de un oftalmólogo al notar cualquiera de estos síntomas.
Por ello, es necesario prestar especial atención en el entorno escolar: si un niño tiene dificultades claras para ver la pizarra en clase, si entrecierra de forma exagerada los ojos para intentar ver de lejos, o si presenta enrojecimiento constante, picor o dolor en los ojos, es una señal inequívoca de que necesita una revisión oftalmológica completa para frenar a tiempo cualquier complicación en su desarrollo visual.
La llegada del invierno y la disminución de las horas de sol no tienen por qué traducirse de forma inevitable en un deterioro de la salud ocular. La clave para contrarrestar los efectos del cambio de hora está en adoptar hábitos proactivos y ajustados a la nueva estación.
- Mantener una rutina de exposición diaria a la luz natural, reducir el uso de pantallas en espacios oscuros y garantizar una iluminación artificial adecuada en los lugares de trabajo son pasos fundamentales para mitigar la fatiga visual.
Los especialistas aconsejan acudir a consulta al notar cualquiera de estos síntomas o cuando un niño/a tenga dificultades para ver la pizarra, entorne mucho los ojos para enfocar de lejos o presente enrojecimiento o dolor recurrente en la zona de los ojos.