Altos precios enfrían el comercio y reducen las ventas en zonas comerciales de la capital

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Santo Domingo. El aumento sostenido de los precios comienza a sentirse con fuerza en las principales zonas comerciales de la capital, donde comerciantes reportan una reducción de las ventas y consumidores cada vez más cautelosos al momento de gastar.

En sectores tradicionalmente caracterizados por una intensa actividad comercial, como la avenida Duarte, Villa Consuelo, la avenida Mella y distintos puntos del Distrito Nacional, el movimiento de compradores no necesariamente se traduce en ventas. Comerciantes consultados describen un consumidor que pregunta más, compara precios, reduce las cantidades y, en muchos casos, termina marchándose sin comprar.

El fenómeno afecta especialmente a los establecimientos dedicados a ropa, calzados, artículos para el hogar y otros bienes que pueden ser pospuestos cuando el presupuesto familiar se encuentra presionado.

La situación refleja un problema que va más allá del comercio. Aunque los indicadores macroeconómicos puedan mostrar estabilidad en determinadas variables, los hogares enfrentan el efecto acumulado de los aumentos registrados durante los últimos años en alimentos, electricidad, transporte, alquileres y otros servicios esenciales.

Ese incremento del costo de vida reduce el dinero disponible para gastos distintos a las necesidades básicas.

Comerciantes señalan que anteriormente los clientes adquirían varias unidades de un mismo producto o realizaban compras familiares más amplias, mientras ahora predominan las adquisiciones estrictamente necesarias. Otros consumidores optan por productos de menor precio o postergan completamente sus compras.

A esta realidad se agregan los costos que enfrentan los propios negocios. El pago de energía eléctrica, alquileres, transporte, mercancías, financiamiento y salarios limita el margen disponible para reducir precios y competir por un consumidor con menor capacidad de compra.

Para los pequeños y medianos comerciantes, una disminución prolongada de las ventas representa un riesgo adicional, debido a que muchos establecimientos necesitan mantener determinado volumen de operaciones para cubrir sus gastos fijos.

La desaceleración comercial también puede terminar repercutiendo sobre el empleo. Una empresa que vende menos reduce inventarios, limita nuevas contrataciones y eventualmente recorta gastos para mantener sus operaciones.

En las calles comerciales de Santo Domingo comienza así a percibirse una contradicción: hay personas circulando, establecimientos abiertos y mercancías disponibles, pero el dinero parece moverse con mayor lentitud.

El consumidor dominicano está priorizando.

Primero alimentos, transporte, vivienda, electricidad y compromisos financieros. Después, si queda espacio en el presupuesto, llegan la ropa, los electrodomésticos, los artículos para el hogar y otros gastos.

Para el comercio de la capital, esa modificación en los hábitos de consumo se está convirtiendo en una señal de alerta.

La preocupación de los comerciantes no se limita a cuánto han aumentado los precios, sino a cuánto puede comprar realmente una familia con sus ingresos actuales. Cuando esa capacidad disminuye, el impacto termina trasladándose desde los hogares hasta los mostradores.

En las principales arterias comerciales de Santo Domingo, esa realidad comienza a hacerse visible: los precios suben, el consumidor recorta gastos y las ventas pierden dinamismo.

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