El Edificio Baquero, primer inmueble del país con ascensor y símbolo de modernidad

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Santo Domingo, R.D. – Hoy parece natural que una torre residencial, comercial o de servicios públicos cuente con un sistema de elevación vertical, moderno o no tan nuevo. Más que un recurso funcional, los ascensores son ahora un elemento necesario y atractivo para compradores e inversionistas.

Pocos de quienes transitan por la calle El Conde, en la Ciudad Colonial, saben que esa comodidad cotidiana tuvo su origen en un pionero histórico: el Edificio Baquero, la primera edificación del país en usar un ascensor.

Levantado en la emblemática esquina con la calle Hostos, este inmueble se consolidó no solo como una pieza arquitectónica destacada, sino también como el símbolo del salto dominicano hacia la modernidad durante el primer cuarto del siglo XX.

“Tengo años visitando esta zona, pero siendo honesto siempre que paso por aquí me quedo mirando lo bello de este edificio y me hago la pregunta porque esta abandonado, siendo tan llamativo. Pero nunca imaginé que fuera el primero en tener ascensor”, Alejandro Ortiz, residente en Gascue.

Un hito de la ingeniería y la verticalidad

En una época en la que la verticalidad urbana apenas comenzaba a dibujarse en el país, el Edificio Baquero obtuvo el título de ser la primera edificación de gran altura en territorio dominicano y, además, la primera en integrar un ascensor.

Su llegada a la República Dominicana, entre 1914 y 1915, estuvo motivada en un inicio por labores de ingeniería civil en la carretera Azua-San Juan.

La autoría de esta hazaña corresponde al ingeniero industrial Benigno Trueba. Nacido en Puerto Rico cuando la isla todavía formaba parte del dominio español, Trueba se graduó en 1909 en la prestigiosa Escuela de Ingenieros de Barcelona.

La escasez de profesionales especializados en construcción y arquitectura en aquellos años abrió paso a un giro providencial en su carrera, al permitirle aplicar su talento en el diseño de edificaciones pioneras a lo largo de la emblemática calle El Conde.

El reflejo de una nación que aspiraba al progreso

Más allá de sus rasgos técnicos y de su presencia imponente en la ciudad, el Edificio Baquero condensó el pulso económico y tecnológico de un país en constante transformación.

Instalar un ascensor en ese tiempo no era solo una respuesta a la movilidad vertical; también era una declaración de intenciones y una prueba concreta de que la República Dominicana se alineaba con las grandes tendencias de la ingeniería mundial.

Aquella máquina de elevación colocada por Trueba no solo trasladaba personas entre pisos, sino que impulsó de forma definitiva las aspiraciones de progreso de toda la República Dominicana.

Testigo imperecedero de la historia

Mientras la modernidad sigue elevándose con rascacielos a lo largo del territorio nacional, la historia del Edificio Baquero permanece como el cimiento más entrañable de esa evolución.

Pese al abandono y al paso de casi un siglo, el inmueble continúa erguido y majestuoso.

Se mantiene como un símbolo imperecedero de una época gloriosa: un monumento que resguarda el sueño de los hermanos que lo erigieron, además de la memoria de incontables vidas privadas y el recuerdo vivo de una nación que lo reconoce como parte esencial de su historia e identidad.

Origen y evolución de los ascensores

En la antigüedad, la fuerza animal se utilizaba para mover cargas. Los primeros vestigios del transporte vertical se remontan a la antigüedad clásica. Entre ellos destacan el diseño de Arquímedes en el siglo III a. C., basado en poleas y fuerza animal, y los complejos montacargas del Coliseo de Roma para izar gladiadores y fieras.

Todo cambió en 1852 con el inventor estadounidense Elisha Otis, quien ideó un sistema de seguridad revolucionario. Su mecanismo de rieles dentados detenía automáticamente la cabina si el cable fallaba. Tras una audaz demostración pública, Otis mostró al mundo que su invento era completamente seguro.

En 1857 se instaló el primer ascensor comercial de pasajeros en unos grandes almacenes de Broadway, en Nueva York. Funcionaba con vapor y subía cinco plantas en poco más de un minuto. Ese logro marcó el inicio formal del transporte vertical de personas en las grandes metrópolis.

Los sistemas a vapor fueron sustituidos por la tecnología hidráulica en 1872. Con ese avance se equiparon monumentos emblemáticos como la Torre Eiffel en 1889. Poco después, los motores eléctricos aportaron mayor velocidad y precisión, e impulsaron la construcción masiva de los primeros rascacielos neoyorquinos.

Más allá de la arquitectura, el ascensor transformó la inclusión urbana. Permitió que ancianos y personas con movilidad reducida o en silla de ruedas superaran la barrera de las escaleras. Hoy, este invento sigue redefiniendo cómo se habitan, transitan y construyen las ciudades modernas.

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